
Imagen. / Astronautas de Skylab almorzando. Fotografía: NASA.
2025-06-24
Fabricación de alimentos para misiones espaciales
Los primeros alimentos en el espacio
Desde los albores de los vuelos espaciales tripulados, la alimentación de los astronautas ha sido un componente crucial para el éxito de las misiones. En las primeras misiones Mercury, llevadas a cabo por la NASA a inicios de la década de los sesenta, los alimentos eran rudimentarios y diseñados principalmente para cumplir funciones nutricionales básicas. Se trataba de preparaciones liofilizadas o en forma de purés contenidas en tubos de aluminio, similares a los utilizados en pastas dentales. Aunque estas soluciones cumplían con los requisitos energéticos mínimos, presentaban una pobre aceptación por parte de los astronautas debido a su escaso sabor, textura poco atractiva y dificultad para ser consumidos de forma práctica en condiciones de microgravedad.
Con la evolución de los programas espaciales, especialmente durante las misiones Gemini y Apolo, se desarrollaron mejoras significativas tanto en la composición de los alimentos como en sus envases. La introducción de cubos comestibles recubiertos con gelatina, así como alimentos rehidratables y técnicas de termoestabilización, permitió ofrecer una mayor variedad de opciones en los menús y una mejora considerable en el sabor. La cantidad calórica también fue estandarizada a un promedio de 2.500 kcal diarias, asegurando una nutrición balanceada para la tripulación. Adicionalmente, se establecieron rotaciones de menús de tres a siete días con el fin de evitar el aburrimiento alimentario.
Innovaciones tecnológicas y nutricionales
Con la llegada de misiones de larga duración como Skylab, la Estación Espacial Mir y la actual Estación Espacial Internacional (EEI), los sistemas de alimentación han evolucionado para incorporar tecnologías avanzadas en la conservación y el empaquetado de los alimentos. La deshidratación por congelación y la termoestabilización permiten preservar los alimentos por largos períodos sin necesidad de refrigeración, lo que resulta esencial en un entorno donde el espacio y la energía son recursos limitados. Asimismo, los envases han sido diseñados para prevenir la formación de migas o líquidos flotantes que podrían dañar equipos o ser inhalados por los astronautas.

Uno de los aspectos más críticos en la actualidad es la personalización de los requerimientos nutricionales. Se ha identificado, por ejemplo, que los astronautas en microgravedad sufren una rápida pérdida de masa ósea, lo que ha llevado a aumentar la cantidad de calcio en las dietas espaciales. Por otro lado, el exceso de hierro puede causar efectos adversos en estas condiciones, por lo que su presencia se ha reducido considerablemente. Además, los alimentos deben contribuir a fortalecer el sistema inmunológico y mantener el equilibrio de la microbiota intestinal, factores que pueden verse comprometidos durante estancias prolongadas en el espacio.
Desarrollo y avances científicos
La historia de la alimentación espacial también está marcada por la colaboración entre distintas disciplinas científicas. Algunos estudios destacan la evolución desde los alimentos semilíquidos hasta la integración de menús diseñados para condiciones extremas, enfatizando la necesidad de una nutrición funcional que vaya más allá de la mera ingesta calórica. Estos estudios subrayan la importancia de considerar factores psicológicos, como la satisfacción alimentaria, y su influencia en el rendimiento cognitivo y emocional de los astronautas.
Actualmente, la preparación de alimentos para misiones espaciales se enfrenta a un nuevo reto: las futuras misiones de exploración prolongada a la Luna, Marte o más allá. Estas misiones, que podrían durar entre dos y tres años, demandan sistemas de alimentación capaces de mantenerse funcionales en el tiempo, siendo eficientes en el uso de recursos y garantizando el bienestar físico y mental de la tripulación.
Proyectos como MELiSSA (Micro-Ecological Life Support System Alternative), promovido por la Agencia Espacial Europea, buscan crear un ecosistema cerrado donde los desechos orgánicos se transformen en recursos útiles como oxígeno, agua y alimentos, a través del uso de microorganismos y cultivos vegetales. De este modo, la producción de alimentos en el espacio podría dejar de depender completamente del reabastecimiento desde la Tierra. Paralelamente, en las estaciones espaciales ya se están llevando a cabo experimentos exitosos con el cultivo de lechuga, mostaza y rábanos, utilizando sistemas hidropónicos y de iluminación LED que replican las condiciones necesarias para el crecimiento vegetal.
El desarrollo de la alimentación espacial del futuro también está impulsado por la necesidad de diversificar las fuentes de nutrientes. Se está explorando el uso de algas, hongos y hasta insectos como alternativas proteicas eficientes, sostenibles y de bajo consumo de agua. Todo esto se enmarca dentro de una visión más amplia en la que la autonomía alimentaria es fundamental para la exploración espacial.
Referencias
Carrillo-Esper, R. y Zepeda-Mendoza, A. (2017). Aspectos de la nutrición en vuelos espaciales. Revista de la Facultad de Medicina, 60(6).
https://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0026-17422017000600047
Catalano, E. (2016). Space nutrition: the key role of nutrition in human space flight.
https://ui.adsabs.harvard.edu/abs/2016arXiv161000703E/abstract
NASA. (2012). Food for Spaceflight [PDF].
https://www.nasa.gov/wp-content/uploads/2012/02/147029main_food_for_spaceflight_educator.sp_.pdf
National Geographic España. (2023). Qué comen los astronautas en el espacio.
https://www.nationalgeographicla.com/espacio/2023/07/que-comen-los-astronautas-en-el-espacio
Felipe Chavarro
Copy editor
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